OPINIÓN de Homero Cornejo – Estando a días de dejar la presidencia, Cristina Kirchner inauguró obras en la ex ESMA y criticó la política de subsidios que piensa implementar la nueva gestión, al afirmar que “dentro de poco tiempo muchos argentinos se van a dar cuenta de que a ellos también el Estado les pagaba subsidios”.
Esta frase, que si bien en parte es cierta, no la expresó como un comentario constructivo, queriendo marcar una preferencia política, sino que fue en clara alusión a una especie de amenaza por tener que dejar su cargo, en una forma que, conforme va llegando el 10 de diciembre, parece acrecentarse en agresión y enojo.

Porque si bien las semanas post balotaje habían servido para suavizar el ánimo, que hasta incluso encontró a Mauricio Macri y Daniel Scioli en un abrazo cordial, en la fiesta aniversario de Telecentro, tras los duros enfrentamientos en el tramo final de la campaña presidencial; La presidenta se encargó con sus últimos dichos, no solo de recordarnos que los dos polos políticos aún persisten, sino que también se encargó de profundizarlo a niveles impensados, enarbolando, como es costumbre en ella, los logros de su gestión, en contraste con un gobierno que ganó por el voto democrático, pero que aún no ejerce y por ende no puede , por ahora, analizárselo.

Esta forma de presidir un país, que está llegando a su última semana tras 12 años consecutivos, es la que deberá tener en cuenta Mauricio Macri, más allá de las claras diferencias en modos y formas de manejarse con su antecesora, para lograr confluir con las personas más idóneas en sus equipos de gobierno, independientemente de la agrupación política que pertenezcan (como lo viene haciendo), para afrontar la dura herencia que se especula es importante pero no se sabe a qué extremo.
Una vez establecido ese ensamble de trabajo deberá pulir una Mística gubernamental que asiente las bases de una Nación que a gritos de esperanza proclamó y proclama que cambiemos…

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